Revista de Investigación Científica y Tecnológica Alpha Centauri
variable produzca cambios en la otra; lo que ofrece es
evidencia de que ambas se relacionan. La valoración del
cambio se sustenta en los contrastes entre la preprueba y la
posprueba, mientras que el análisis correlacional permite
reconocer qué componente educativo estuvo más
vinculado con el manejo de residuos.
Primero A y Primero B iniciaron con niveles parecidos en
generación y en segregación de residuos, y la magnitud de
sus cambios observados tampoco mostraron diferencias
significativas entre ambos grupos. Como las dos secciones
recibieron las actividades educativas, la evolución paralela
indica que la respuesta no quedó restringida a un solo
grupo. Asimismo, al no contar con una sección que no
participara en la intervención, no es posible determinar qué
habría pasado durante ese mismo periodo si los estudiantes
no hubieran recibido el mismo proceso formativo. También
pudieron intervenir el intercambio de información entre
compañeros, otras acciones escolares, la maduración de los
estudiantes o la sensibilización producida por la preprueba.
Estas explicaciones alternativas son características de un
diseño cuasiexperimental con grupos naturales y conviene
tenerlas presentes antes de atribuir la totalidad de la mejora
de los resultados a la intervención (Hernández-Sampieri et
al., 2014; Kerlinger & Lee, 2002).
Los resultados dejan una pauta de orientación clara para
institución educativa: seguir con las actividades de
reducción y clasificación de residuos y volverlas parte de
la vida escolar. Con ese fin, se podrían ubicar contenedores
separados en puntos de fácil acceso, conservar a la vista sus
etiquetas, asignar a encargados que supervisen la
segregación y acordar la recolección de los residuos con el
servicio municipal. Estas medidas son especialmente
relevantes para el almacenamiento, que fue la dimensión
con el desempeño más bajo y que requiere un
acompañamiento permanente o continuo. Asimismo, llevar
un registro periódico de la cantidad y los tipos de residuos
permitiría verificar si las mejoras que los estudiantes
mencionan se reflejan en una menor generación y una
separación correcta.
Los resultados deben leerse teniendo en cuenta que el
estudio contó con la participación de 56 estudiantes de una
única institución rural, organizados en secciones ya
establecidas, y que los datos provienen de respuestas
autorreportadas por los estudiantes. Además, no se aplicó
una medición posterior para verificar si los cambios se
perduraron, y tampoco se contó con un grupo sin
intervención. Si bien el instrumento presentó una
confiabilidad alta (alfa de Cronbach = 0,91), la descripción
de las actividades no precisó suficientemente su duración,
frecuencia e intensidad, lo que dificulta reproducir la
intervención. En estudios futuros sería conveniente
documentar estos aspectos, observar directamente las
prácticas, pesar los residuos y efectuar una medición de
seguimiento. Si las condiciones lo permiten, también
podría incorporarse un grupo de comparación que no reciba
la intervención durante el periodo evaluado.
Conclusiones
Después de la intervención, los puntajes globales
aumentaron en las dos secciones. En Primero A, la
educación ambiental presentó un efecto grande (t = 4,950;
p < 0,001; d = 0,953) y el manejo de residuos un efecto muy
grande (W = 25,000; p < 0,001; r = 0,838). En Primero B
también se registraron efectos grandes o muy grandes para
educación ambiental (t = 7,837; p < 0,001; d = 1,455) y
manejo de residuos (t = 4,862; p < 0,001; d = 0,903). Dentro
de las condiciones evaluadas, estos resultados muestran
una mejora relevante tras el proceso educativo.
La generación y la segregación mejoraron en Primero A y
Primero B. En generación, los promedios pasaron de 1,938
a 2,654 y de 2,046 a 2,690, respectivamente. En
segregación, aumentaron de 2,175 a 2,836 y de 2,325 a
2,882. La segregación registró los mayores tamaños del
efecto. Los estudiantes trabajaron esta dimensión al separar
materiales y depositarlos en contenedores diferentes.
El almacenamiento de residuos mejoró en términos
descriptivos tanto en Primero A y Primero B, aunque los
cambios no llegaron a ser estadísticamente significativos (p
= 0,076 y p = 0,094, respectivamente). Para consolidar esta
práctica en la institución educativa, la enseñanza tendría
que ir acompañada y complementada con suficientes
recipientes, rótulos claros, supervisión y un servicio de
recolección regular de los residuos sólidos.
Se encontró una relación positiva y moderada entre la
educación ambiental y el manejo global de residuos (ρ =
0,570; p < 0,001). El componente procedimental presentó
la asociación más alta con dicho manejo (ρ = 0,574). Estos
hallazgos apoyan la inclusión de actividades prácticas y
orientación directa, aunque las correlaciones, por sí solas,
no demuestran que estas actividades hayan producido los
cambios observados.
Este análisis se basó en los datos de 56 estudiantes de esta
institución donde se llevó a cabo este estudio. Los
participantes pertenecían a dos secciones ya conformadas
y ambas recibieron la intervención, por lo que los
resultados deben interpretarse dentro de ese contexto. El
autoinforme, la ausencia de seguimiento y la falta de un
grupo sin intervención limitan la atribución causal y la
generalización de los resultados. Para comprobar la
permanencia de los cambios, se requieren mediciones
posteriores y registros directos de la generación,
segregación y almacenamiento de los residuos.